Mi historia pañalera

Estaba por mi quinto mes de embarazo cuando recibí mi primer paquete de pañales de tela. Eran como 12 piezas. Apenas conocería el sexo de mi bebé pero yo estaba decidida a usarlos, vi una buena oferta en una página en Facebook de una mami de Minatitlán, Veracruz y los compré. No recuerdo cómo o dónde escuché de ellos por primera vez, no tenía amigas o familiares embarazadas, no conocía el mundo pañalero para nada, pero no tenía ninguna duda de que eso era lo que mi bebé usaría. Ni siquiera me pasaba por la cabeza que no fueran a funcionarme. No lo pensé, afortunadamente no hubo nadie que cuestionara mi decisión ni que me metiera miedo.

 

 

 

En mi babyshower diluvió por horas, estaba muy triste pensando que nadie llegaría pero unas amigas lo lograron y la pasamos muertas de risa.

 

 

Los diseños en ese entonces -hablamos del 2013- eran bien sencillos: patrones geométricos, animalitos, colores lisos, existían pocas marcas. Empecé a usarlos casi a los dos meses, por cuestiones de salud, mi niña no alcanzó el peso para que le quedaran hasta entonces. No sabía cómo ajustarlos, se los ponía y le llegaban hasta media espalda ¡jajajaja! volví al perfil de la vendedora y descubrí para qué eran todos esos curiosos botoncitos. A los tres meses empecé a tener fugas, ¡maldición! Y ahora, ¿qué hago? Nuevamente me puse a investigar y me di cuenta que conforme crecen es necesario ir complementando el absorbente para que sigan funcionando igual. Llegué a usar hasta tres cuando mi niña ya dejaba el pañal pero aún lo necesitaba por las noches.

Tenía dos cajones de pañales, afortunadamente nunca he sido de compras compulsivas así que me quedé con una cantidad muy práctica.

Mi jefa de ese entonces veía lo mucho que me servían y fue quien me animó a venderlos. Yo había vendido esporádicamente algo cuando me quedé sin trabajo, aunque no me consideraba una vendedora, realmente no me gustaba, pero tener una entrada extra y facilitarles el camino a otras familias me convenció. Empecé a investigar de dónde provenían los Alva, que eran los más accesibles que yo conocía y al poco tiempo hice mi primera compra de fábrica. Cuando tuve mi primer paquete en las manos pensaba ¿será posible que de verdad esto me esté llegando directamente desde China y en tan sólo 10 días? En 2014 parecía increíble.

Finalmente encontré un proveedor que tenía una calidad igual a Alva y mucho mejores precios e hice mi primer pedido para vender. Pedí 50 pañales y tardé en venderlos como 6 meses ¡jajaja! Y así, cada vez que hacía un pedido, tardaba muchísimo en venderlos, si ahora es aún poca la gente que usa de tela, imaginen entonces. Cada vez pensaba en que sería mi último pedido, era mucho dinero invertido durante mucho tiempo, requería explicar las cosas demasiadas veces y la gran mayoría terminaban no comprando. Aún trabajaba y lo veía como un stress más pero cada vez que decía ya no más, alguien me hacía una compra que me hacía entusiasmarme y decir, bueno, uno más. Finalmente, en el 2017 ya podía decir que era un negocito próspero. La gente me conocía y me recomendaba y aunque en ese tiempo muchas otras empezaron a vender en Campeche, yo ya tenía una cartera de clientes.

Al principio mi negocio cabía en una bolsa de tela que cargaba a todas partes, luego en dos.
Después trabajamos en estos huacales para que ocuparan poco espacio en casa.

Mi hija dejó de usar pañales por completo hasta los 4 años. Tuvimos en total alrededor de 35 pañales que nos duraron perfecto durante todos esos años, únicamente dos o tres se delaminaron. Su proceso de control de esfínteres fue de avances y retrocesos. Al año y medio comenzó a avisar, pero poco después entró a la guardería y no le ponían atención cuando avisaba, así que regresamos a usarlos. Pasando los dos años controló durante el día, a los tres durante la noche, pero hasta los cuatro años seguía pidiendo el pañal para hacer popó. Fue una situación que traté de manejar muy respetuosamente, pero a veces me desbordaba. Leí muchísimo y me di cuenta que era algo bastante normal, pero que poca gente hablaba de ello. Afortunadamente los pañales seguían ahí, dando batalla en el último snap. Hasta que un día al quedarse en casa de una amiga no había pañal cerca ni quien se lo pusiera, así que tuvo que hacer en el baño y se sintió muy orgullosa de ella misma y nosotros de ella por supuesto. Después de ese día nos despedimos finalmente de los pañales, que sirvieron durante más de 4 años. Los pocos que estaban medianamente utilizables los regalé y alargaron su historia en las pompis de otros bebés.

Sus pañalitos dieron batalla desde los dos meses hasta pasados los 4 años.

.En diciembre de 2017 renuncié a mi trabajo para poder dedicarle tiempo a mi hija, con la confianza en que, aunque fuera poco, mi negocito iba a proveerme una entrada. Desde entonces ha crecido mucho, empecé a distribuir mayoreo además de menudeo. Nos cambiamos de casa porque mi negocio ya no cabía en mi sala y logré destinar una habitación para la tienda. Este movimiento fue súper útil durante la pandemia, pues les pude ofrecer comodidad y seguridad a las familias que visitaban la tienda. Este año inauguramos página web y se viene aún una sorpresa más que me tiene muy entusiasmada.

Así lucía en 2019 cuando abrimos
Este espacio me gustaba mucho
Poco a poco hay más pañales y más marcas
Pero tuvimos que usarlo para poner más pañales

Haber elegido pañales de tela no sólo cambió mi vida, sino también la de mi familia. Hoy puedo estar todo el día en casa con mi hija y atender mi negocio al mismo tiempo. Fue la puerta de entrada para conocer filosofías de vida que hoy tratamos de implementar. Me llena muchísimo ser el vehículo para que cientos de familias disminuyan su huella sobre el planeta. Estoy plenamente agradecida con la vida por permitirme estar donde estoy. Deseo de todo corazón que tu historia pañalera te lleve por caminos de crecimiento y consciencia, hasta donde tú decidas.

 

Belynda Díaz.

 

San Francisco de Campeche, Campeche.

 

Octubre de 2021.

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